La importancia y trascendencia que tiene el motivo
que hoy nos reúne está dado por la vida de un hombre considerado “El Padre de
la Patria”. Hacer una reseña histórica de su vida es redundante ya que figura
en todos los libros de historia.
La admiración y el respeto que en todo el mundo
existe por él no se fundamenta exclusivamente en sus campañas militares sino
por la rectitud en su conducta.
Lo que nos conmueve y emociona es profundizar en
sus ideas, en los conceptos que han regido su vida.
Como hombre fue padre y dejó a su hija las famosas
máximas. Recordando la importancia de las mismas de: humanizar el carácter
inspirando gran confianza y amistad, pero unidos al respeto.
Como abuelo fue tan dedicado que está presente en
el monumento con sus nietas conocido cómo: “El monumento al abuelo inmortal”.
Muy cerca de allí están sus amigos junto a la
Virgen Generala del Ejército de los Andes Nuestra Señora del Carmen.
Vemos cómo fue como padre, abuelo, amigo. Como
militar tuvo un gran respeto por sus soldados de los cuales dijo: “De lo que
mis muchachos son capaces sólo lo sé yo. Quien los iguale habrá, quien los
exceda no” y a los cuales les dijo: “Para los hombres de coraje se han hecho
las empresas”.
Defendió y amó tanto la libertad como se expresa en
estas frases: “Los hombres libres no viven de ilusiones sino de hechos”. “Si
somos libres todo nos sobra”.
Su exilio forzado se debió al respeto que tenía por
las opiniones de los demás al expresar: “Mi sable jamás saldrá de la vaina por
opiniones políticas”.
Recuerden siempre que la rectitud en el obrar es lo que trasciende a cada uno de nosotros teniendo en cuenta que “La consciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien”.

